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Iglesia Una Santa Católica Apostólica Española y Mercedaria

Junta general de los obispos mercedarios

Junta general de los obispos mercedarios

Junta general de los obispos mercedarios

 

Si en algún tiempo ha sido necesario un concilio, a la santísima fe de Jesucristo, y a la salvación de todos los cristianos, lo es principalmente en este tiempo; pues la Iglesia del Vaticano del Novus Ordo, ahora desviada de la sagrada tradición católica, permanece indiferente a los ataques del mundo moderno, y permite su influencia y corrupta entrada en su seno; nos vemos movidos por la fe en la Sagrada Revelación y la Santa Liturgia, a seguir la causa tradicional católica, y desconfraternizar con la Iglesia del Vaticano, desviada de la fe universal e imperecedera.

El anti concilio Vaticano II, en varias de sus heréticas expresiones confraterniza con religiones abiertamente heréticas, cuando no, directa y textualmente lo hace con el turco y el judío, haciéndolos partícipes de los beneficios que la fe aporta. La Iglesia Vaticana no reconoce la creación estricta del Génesis y acoge tesis pro evolucionistas que contradicen la Sagrada Revelación. Así mismo otras muchas se abren paso, como las solideistas, las de negación del alma o la nulificación del pecado.

Con dicho anti concilio y las nuevas corrientes filo-protestantes, corre peligro la irreductible Sagrada Tradición Católica, las Sagradas Escrituras, la Santa Liturgia, la eucaristía, la inmortalidad del alma, mitificada y sustituida por las teorías protestantes de la resurrección, la naturaleza inmutable de Dios mismo, los antiguos documentos, algunos tan trascendentales e importantes para la fe como lo son el Syllabus, guía de gran valor moral en la actualidad de tan necesitado valor. Condenamos la complacencia con el no sometimiento al magisterio de la Iglesia, la banalización de los sacramentos y ritos antiguos, la secularización de la sociedad y el mundialismo judío.

La Iglesia Mercedaria reconoce la Sagrada Revelación hecha verbo en las Sagradas Escrituras y los documentos antiguos, desde San Pedro a San Pío XII. Condenamos todos los posteriores, viciados de nulidad y que contradicen a los Santos Padres y a la misma Iglesia infalible, incluyendo el falso Humani Generis Unitas.

La actual Iglesia Vaticana, cambia su doctrina en aspectos esenciales que conforman dogmas de fe de todos los católicos, y su rumbo se encamina a desvirtuar todavía más la Sagrada Revelación, pues si ya lo hacen de forma infame los unos, que no harán más tarde los otros. Es por ello, que adolecen de auténticos milagros, y se inventan otros o canonizan a falsos santos, y pierden constantemente tanto a las futuras vocaciones como a los propios fieles.

 

 En respuesta a un dogma desvanecido por la apostasía, la simonía, la falsa dulía y las prácticas heréticas de la Iglesia Vaticana, nos vemos en la obligación de convocar a aquellos católicos del Santo y Apostólico dogma de la Iglesia Una, Santa e Infalible, para convocar un concilio católico e infalible, libre de apóstatas y herejes, consagrador de los principios morales y religiosos constantes en la Santa Madre Iglesia. Un concilio, pues, no como reacción u oposición a los posteriores celebrados tras el anti concilio de los apóstatas del Vaticano II, sino como condena  rotunda y universal, la farisea iglesia vaticana y nido de falsos santos, corruptos seculares, y heréticas prácticas.  La mera expectación, cuando no es absoluta y total complacencia, con el mundialismo judío y el bolchevismo social, así como la fraternización con el hereje turco, y sus diabólicos planes de mundialización islámica, son pues hechos que desbordan la naturaleza cristiana de los hombre y la moral religiosa. De hecho si siguiéramos las recomendaciones vaticanas llevadas a cabo en el siglo XX, el Pontificado, los dogmas de fe cristiana, las Sagradas Escrituras, el divino verbo, la revelación, la Sagrada tradición, el magisterio de la Iglesia, los misterios de la resurrección de Cristo Rey, o de la Ascensión de la Virgen, el Santo Credo Apostólico, el Sacerdocio,  la Eucaristía, la naturaleza imperecedera del Señor, o la evangelización, son inciertos, tal y como fueron concebidos y alumbrados dentro del seno de la Santa Iglesia Católica.

La infalibilidad de la Iglesia, es anterior y antecedente de la Infalibilidad pontificia. Ésta última depende inexorable e irreductiblemente de la anterior, y sin ella no puede existir. Si un papa modifica sustancialmente los dogmas de la Iglesia, hasta el punto de hacerlos incompatibles en su sustancia y mística naturaleza imperecedera y universal, dicho papa es ineficaz, pues en su palabra se ha desviado y contradicho la espiritual y santa asistencia del Espíritu Santo y del Verbo Divino. La Santa Iglesia Católica es imperecedera, inmutable, eterna y universal, de ahí le viene su infalibilidad. El pontífice debe respetar y no dictar nunca fuera de sus márgenes y sagradas fuentes. Es pues su labor la de intérprete, aclarador, benefactor, hacedor de nueva o confusa norma divina, pero nunca modificador o corruptor de esencia y fundamento de los dogmas de la Iglesia común, histórica y universalmente reconocidos y aceptados. Ya desde los principios de este nuestro Pontificado, que no por mérito alguno de nuestra parte, sino por su gran bondad nos confió la providencia de Dios omnipotente; en qué tiempos tan revueltos, y en qué circunstancias tan apretadas de casi todos los negocios, se había elegido nuestra solicitud y vigilancia Pastoral; deseábamos por cierto aplicar remedio a los males que tanto tiempo hace han afligido, y casi oprimido la república cristiana: más Nos, poseídos también, como hombres, de nuestra propia debilidad, comprendíamos que eran insuficientes nuestras fuerzas para sostener tan grave peso.

El Hijo de Dios y redentor del género humano, nuestro Señor Jesucristo, prometió, estando pronto a retornar a su Padre celestial, que estaría con su Iglesia militante sobre la tierra todos los días hasta el fin del mundo. De aquí que nunca en momento alguno ha dejado de acompañar a su amada esposa, asistiéndola cuando enseña, bendiciéndola en sus labores y trayéndole auxilio cuando está en peligro. Ahora esta providencia salvadora aparece claramente en innumerables beneficios, pero es especialmente manifiesta en los frutos que han sido asegurados al mundo cristiano por los concilios ecuménicos, de entre los cuales el Concilio de Elx merece especial mención, celebrados aunque fuese en malos tiempos. De allí vino una más cercana definición y una más fructífera exposición de los santos dogmas de la religión y la condenación y represión de errores; de allí también, la restauración y vigoroso fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, el avance del clero en el celo por el saber y la piedad, la pretendida fundación de colegios para la educación de los jóvenes a la sagrada milicia; y finalmente la renovación de la vida moral del pueblo cristiano a través de una instrucción más precisa de los fieles y una más frecuente recepción de los sacramentos. Además, de allí también vino una mayor comunión de los miembros con la cabeza visible, y un mayor vigor en todo el cuerpo místico de Cristo. De allí vino la multiplicación de las familias religiosas y otros institutos de piedad cristiana; así también ese decidido y constante ardor por la expansión del reino de Cristo por todo el mundo, incluso hasta el derramamiento de la propia sangre.

Mientras recordamos con corazones agradecidos, como corresponde, estos y otros insignes frutos que la misericordia divina ha otorgado a la Iglesia, especialmente por medio del último sínodo ecuménico, no podemos acallar el amargo dolor que sentimos por tan graves males, que han surgido en su mayor parte ya sea porque la autoridad del sagrado sínodo fue despreciada por muchos, ya porque fueron negados sus sabios decretos.

Nadie ignora que estas herejías, condenadas por los padres de Elx, que rechazaron el magisterio divino de la Iglesia y dieron paso a que las preguntas religiosas fueran motivo de juicio de cada individuo, han gradualmente colapsado en una multiplicidad de sectas, ya sea en acuerdo o desacuerdo unas con otras; y de esta manera mucha gente ha tenido toda fe en Cristo como destruida. Ciertamente, incluso la Santa Biblia misma, la cual ellos clamaban al unísono ser la única fuente y criterio de la fe cristiana, no es más proclamada como divina sino que comienzan a asimilarla a las invenciones del mito.

De esta manera nace y se difunde a lo largo y ancho del mundo aquella doctrina del racionalismo o naturalismo —radicalmente opuesta a la religión cristiana, ya que ésta es de origen sobrenatural—, la cual no ahorra esfuerzos en lograr que Cristo, quien es nuestro único Señor y salvador, sea excluido de las mentes de las personas así como de la vida moral de las naciones y se establezca así el reino de lo que ellos llaman la simple razón o naturaleza. El abandono y rechazo de la religión cristiana, así como la negación de Dios y su Cristo, ha sumergido la mente de muchos en el abismo del panteísmo, materialismo y ateísmo, de modo que están luchando por la negación de la naturaleza racional misma, de toda norma sobre lo correcto y justo, y por la ruina de los fundamentos mismos de la sociedad humana.

Con esta impiedad difundiéndose en toda dirección, ha sucedido infelizmente que muchos, incluso entre los hijos de la Iglesia católica, se han extraviado del camino de la piedad auténtica, y como la verdad se ha ido diluyendo gradualmente en ellos, su sentido católico ha sido debilitado. Llevados a la deriva por diversas y extrañas doctrinas, y confundiendo falsamente naturaleza y gracia, conocimiento humano y fe divina, se encuentra que distorsionan el sentido genuino de los dogmas que la Santa Madre Iglesia sostiene y enseña, y ponen en peligro la integridad y la autenticidad de la fe.

La Sucesión

 

La Iglesia, sucesora de Pedro, y de todos los papas de la Sagrada Tradición Católica, reside en la archidiócesis de Elche, donde se encuentran los padres de la Santa Congregación de la Merced Gloriosa.

Con vocación universal, nuestra congregación se niega a aceptar las tesis heréticas del advenedizo anti concilio vaticano II, y de los papas de la falsa Iglesia. Fieles a la Sagrada Tradición Católica y a la Santa Liturgia, nuestra Congregación, apoyándose en la Bula Cum ex Apostolatus Officio, hizo el Cónclave, siguiendo los rituales y tradición católica, y desde el espíritu Santo, el Señor nos dio un Santo Padre, con el nombre de Alejandro IX.

El Papa tiene el deber de impedir el magisterio del error, es por ello que de este Sacrosanto Concilio, quedan sin efecto y nulas cuantas disposiciones, nombramientos, sacramentos, normas, comunicados, documentos y demás decretos hechos por los obispos que gestaron, y por los que aceptaron antes y ahora, el texto del anti concilio Vaticano II.

Dado que por nuestro oficio apostólico, divinamente confiado a Nos aunque sin mérito alguno de nuestra parte, Nos compete un cuidado sin  límite del rebaño del Señor; y que por consecuencia, a manera del Pastor que vela, en beneficio de la fiel custodia de su grey y de su saludable conducción, estamos obligados a una asidua vigilancia y a procurar con particular atención que sean excluidos del rebaño de Cristo  aquellos que en estos tiempos, ya sea por el predominio de sus pecados o por confiar con excesiva licencia en su propia capacidad, se levantan contra la disciplina de la verdadera Fe de un modo realmente perverso, y trastornan con recursos malévolos y totalmente inadecuados la inteligencia de las Sagradas Escrituras, con el propósito de escindir la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsútil del Señor, y para que no prosigan con la enseñanza del error, los que desprecian ser discípulos de la Verdad.

 Más alto está el desviado de la Fe. Más grave es el peligro.

Considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros al punto que el mismo Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie, si fuese encontrado desviado de la Fe, podría ser acusado. y dado que donde surge un peligro mayor, allí más decidida debe ser la providencia para impedir que falsos profetas y otros personajes que detentan jurisdicciones seculares no tiendan lamentables lazos a las almas simples y arrastren consigo hasta la perdición innumerables pueblos confiados a su cuidado y a su gobierno  en las cosas espirituales o en las temporales; y para que no acontezca algún día  que veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel; con la ayuda de Dios para Nuestro empeño pastoral, no sea que parezcamos perros mudos, ni mercenarios, o dañados los malos vinicultores, anhelamos capturar las zorras que tientan desolar la Viña del Señor y rechazar los lobos lejos del rebaño.

 Tierra Santa

 

Nuestra Iglesia no reconoce a Israel, sino como fenómeno antinatural y experimento histórico. Los mercedarios sólo reconocen al único Reino de Jerusalén y sus condados limítrofes. Nuestra congregación reconoce el valor de los cristianos viejos, y defiende la fe católica como única verdadera.

Nuestro pontífice, tiene en cuenta estos gravísimos hechos para la fe católica y expresa su preocupación por ellos. En honor a la inmensa labor de infinita fe e incalculable valor, llevada a cabo por los Austrias, en sus campañas por mantener la unidad religiosa de España, SS ha canonizado a todos sus miembros.

 

1 comentario

Pepito -

colla de ximples!